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El poliedro Fútbol
Profesional integra dos realidades con facetas
que, por incompatibles, no terminan de
fundirse. Su esencia está en el deporte en que
tiene su origen (el fútbol), y es el alto grado
de imprevisibilidad propio de este juego, el
que lo ha llevado a provocar igual nivel de
expectativas masivas. De esta situación deriva
su Profesionalización. Pero esta nueva
condición conlleva un aumento en los niveles de
exigencia del rendimiento deportivo, al punto de
privilegiar tanto uno de los componentes del
juego como para provocar una modificación en su
sentido más profundo. Ahora el triunfo ya no es
sólo una aspiración de quienes participan y una
contingencia de la competencia, sino el único
resultado válido. Este no es un cambio meramente
teórico sino práctico, ya que genera dos
consecuencias fundamentales.
La
primera: producto de la necesidad de multiplicar
la eficiencia se ha comenzado a trabajar sobre
la dinámica del juego en búsqueda de cadenas
deterministas que aumenten las probabilidades de
obtener los resultados deseados. No es cuestión
de “quedarse esperando” sino de “trabajar para”.
El Fútbol-Ciencia como contraposición al
Fútbol-Arte
aspira a la certeza, a controlar el azar. Pero
aunque la búsqueda paulatinamente logrará afinar
su precisión no hay que permitirle que alcance
el absoluto, por cuanto de conseguirlo acabaría
con el fenómeno en sí mismo. El componente que
lo hace profesional es el alto grado de
incertidumbre que, a su vez, provoca la
expectativa que concita. Este es el límite: si
todo estuviese matemáticamente predeterminado,
perdería el interés y terminaría causando su
propia destrucción.
La segunda
cuestión es que, por esta contradicción de
origen, el Fútbol Profesional es molecularmente
distinto al Fútbol Juego, porque la mayor
exigencia en los logros lleva a la necesidad de
aumentar los rendimientos deportivos y da forma
a “otro” deporte, con reglas similares, pero que
“se juega distinto” y, por lo tanto, requiere
una preparación diferente.
Reconocer esta
realidad significa trabajar para disminuir el
azar propio del componente lúdico, en función de
no sólo hacer del juego una situación
previsible, sino también manejable. El Fútbol de
laboratorio, el “de la semana”, puede alcanzar
niveles de precisión similares a los de una
función polinómica. El desafío es trasladar
esta lógica en el máximo grado que sea posible a
los partidos, los puntos cumbre donde se
potencian los imponderables. La pregunta clave
es qué camino se va a seguir para conseguirlo,
porque de la respuesta que se escoja, dependerá
la solución a adoptar.
En el ámbito de
los deportistas de alto rendimiento, la
búsqueda de la excelencia lleva a los
especialistas a recurrir habitualmente a
soluciones tecnológicas y no puede sorprender
que, en rededor de estos instrumentos, se haya
recorrido un largo camino, tanto sea en la
mayoría de los deportes individuales como
también en algunos juegos de conjunto (por
ejemplo, en basket y en voley hay una
tradición que se remonta a más de dos décadas).
Pero en el fútbol esta tendencia todavía está
dando sus primeros pasos. Las causas de este
retraso son muy variadas. En el primer escalón
se ubican dos con muy fuerte incidencia, una
técnica, la complejidad que el juego presenta a
quienes buscan sistematizarlo (por reglamento,
cantidad de jugadores, variantes técnicas y
tácticas, posibilidad de movimientos,
dimensiones del campo de juego, etc.) y otra
pragmática, hasta el momento los entrenadores
han conseguido aumentar el rendimiento de sus
equipos limando márgenes por otros medios de más
cómoda implementación.
¿Por qué se
comienza a buscar ahora por el lado
tecnológico? Porque las exigencias son cada vez
mayores y, superada toda una batería de
alternativas, se necesita innovar con otros
recursos para continuar la competencia con
buenas posibilidades de éxito. Y porque los
desarrollos disponibles permiten obtener
información que hasta hace algunos años era
posible sólo en novelas de ciencia-ficción.

Figura
1. Fútbol-Ciencia vs. Fútbol-Arte.
Entendiendo como tal una manifestación
en “estado natural” del juego.
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